<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8902457243915283883</id><updated>2012-02-16T13:25:11.044-08:00</updated><title type='text'>Colectivo Siempre - Lecturas</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cslecturascanclini.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8902457243915283883/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cslecturascanclini.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Colectivo Siempre</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02595796990476905099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='19' src='http://bp2.blogger.com/_1JsXjtnr6lc/R_qNtArm-mI/AAAAAAAAAQU/8AVogXWOYdU/S220/Jlopez03+5.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8902457243915283883.post-6383602949427093761</id><published>2009-07-23T16:59:00.000-07:00</published><updated>2009-07-23T17:01:10.019-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;NI FOLKLÓRICO NI MASIVO ¿QUÉ ES LO POPULAR?&lt;br /&gt;Néstor García Canclini&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tratamiento de lo popular, como especificidad de la cultura y como expresión de la comunicación, ha venido siendo abordado&lt;br /&gt;por comunicadores sociales y antropólogos desde distintas matrices de interpretación y desde premisas que no siempre han&lt;br /&gt;contribuido a profundizar en el estudio de sus implicancias; y su íntima vinculación.&lt;br /&gt;En esta ocasión el destacado investigador Néstor García Canclini asume el análisis de este hecho descubriendo las limitaciones&lt;br /&gt;que han estado presentes y reclamando una metodología de trabajo transdisciplinario como condición Indispensable para una&lt;br /&gt;investigación integral sobre las culturas populares.&lt;br /&gt;Hay éxitos tristes. Por ejemplo el de palabras como popular, que casi no se usaba, luego fue adquiriendo la mayúscula y acaba&lt;br /&gt;escribiéndose entre comillas. Cuando sólo era utilizada por los folcloristas parecía fácil entender a qué se referían: las costumbres&lt;br /&gt;eran populares por su tradicionalidad, la literatura porque era oral, las artesanías porque se hacían manualmente. Tradicional, oral y&lt;br /&gt;manual: lo popular era el otro nombre de lo primitivo, el que se empleaba en las sociedades modernas.&lt;br /&gt;Con el desarrollo de la modernidad, con las migraciones, la urbanización y la industrialización (incluso de la cultura), todo se volvió&lt;br /&gt;más complejo. Una zamba bailada en televisión ¿es popular? ¿Y las artesanías convertidas en objetos decorativos de departamentos?&lt;br /&gt;¿Y una telenovela vista por quince millones de espectadores? Hay una vasta bibliografía que habla de cultura popular en espacios&lt;br /&gt;muy diversos: el indígena y el obrero, el campesino y el urbano, las artesanías y la comunicación masiva. ¿Puede la misma fórmula&lt;br /&gt;ser usada en tantos territorios?&lt;br /&gt;Hasta ahora estas preguntas han recibido, más que soluciones científicas, respuestas editoriales e institucionales. Se reúne un grupo&lt;br /&gt;de artículos heterogéneos o se organiza un simposio multimático y se les coloca como título -la cultura popular-. Estos agrupamientos&lt;br /&gt;no siempre son arbitrarios. A veces, los provoca el interés de responder a una disponibilidad del mercado editorial o&lt;br /&gt;académico. En otros casos, se quiere enfrentar una necesidad cultural o política: cuando se crea un museo para difundir las diversas&lt;br /&gt;culturas de un país, o cuando se organiza un movimiento popular urbano que agrupa a sectores subalternos con objetivos -comunes&lt;br /&gt;más allá de sus diferencias étnicas o laborales. El éxito público de la denominación radica justamente en su capacidad de reunir a&lt;br /&gt;grupos tan diversos, cuya común situación de subalternidad no se deja nombrar suficientemente por lo étnico (indio), ni por el lugar&lt;br /&gt;en las relaciones de producción (obrero), ni por el ámbito geográfico (cultura campesina o urbana). Lo popular permite abarcar&lt;br /&gt;sintéticamente todas estas situaciones de subordinación y dar una identidad compartida a los grupos que coinciden en ese proyecto&lt;br /&gt;solidario. Por eso, el término popular se ha extendido como nombre de partidos políticos, revoluciones y movimientos sociales.&lt;br /&gt;En esta polisemia reside también su debilidad. Lo popular no corresponde con precisión a un referente empírico, a sujetos o&lt;br /&gt;situaciones sociales nítidamente identificables en la realidad. Es una construcción ideológica, cuya consistencia teórica está aún por&lt;br /&gt;alcanzarse. Es más un campo de trabajo que un objeto de estudio científicamente delimitado. No obstante, debiéramos poder plantear&lt;br /&gt;el problema científico con cierta independencia de las presiones y los intereses históricos que condicionan excesivamente las&lt;br /&gt;maneras en que las ciencias sociales se interrogan por lo popular. No estamos pretendiendo una imposible asepsia del discurso&lt;br /&gt;científico respecto del entorno en que es producido, circula y se usa. Si bien ninguna práctica social puede desentenderse&lt;br /&gt;enteramente de su contexto, pensamos que una propiedad de trabajo científico es volver visible y discutible, y por tanto un poco más&lt;br /&gt;neutralizable, la relación entre su discurso y las condiciones en que se engendra.&lt;br /&gt;Para encarar la crisis actual de la teoría sobre la cultura popular, uno de los problemas claves es la divergencia entre dos tendencias&lt;br /&gt;científicas opuestas: la antropología y los estudios sobre comunicación. Hay que preguntarse por qué se desarrollaron Í separadas,&lt;br /&gt;con estilos de trabajo tan distintos. Señalaremos brevemente los rasgos propios de cada paradigma y sus modos de ocuparse de lo&lt;br /&gt;popular. Analizaremos luego qué ha significado para cada uno su parcialidad y que cambios les provocaría tomar en cuenta la&lt;br /&gt;mirada opuesta. A partir de este debate intentaremos, ver si un enfoque transdisciplinario nos ayudaría a definir mejor qué&lt;br /&gt;entendemos por cultura popular -y también por cultura masiva-, si aún pueden sostenerse esos nombres, y cómo estudiarlas en una&lt;br /&gt;época que reformula las relaciones entre tradición, y modernidad, entre las formas locales de sociabilidad y las que promueven las&lt;br /&gt;nuevas tecnologías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA REDUCCIÓN DE LO POPULAR A LO FOLKLÓRICO&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cuando lo popular todavía no era lo popular -se lo llamaba cultura indígena o folclore- la antropología y esa pasión coleccionista y&lt;br /&gt;descriptiva por lo exótico denominada precisamente folclore eran las únicas disciplinas dedicadas a conocerlo. Así fue en las&lt;br /&gt;metrópolis y en América Latina. En Europa, el estudio de lo popular no era, hasta el siglo XVIII, un interés de las personas&lt;br /&gt;"educadas". Las fascinaban a veces las culturas de pueblos lejanos (celtas, indios americanos, negros del África), pero la información&lt;br /&gt;sobre sus costumbres fue producto de una curiosidad errática y tarea de anticuarios(1). En el XIX, la formación de estados&lt;br /&gt;nacionales, que trataban de unificar a todos los grupos de cada país, suscitó interés por conocer a los sectores subalternos para ver&lt;br /&gt;cómo se los podía integrar En la misma época, los románticos impulsaron el estudio del folclore exaltando, frente al intelectualismo&lt;br /&gt;iluminista, los sentimientos y las maneras populares, de expresarlos; ante el cosmopolitismo de la Literatura clásica, las situaciones&lt;br /&gt;particulares, las diferencias y el valor de la vida local. Sólo a fines del siglo XIX, cuando se fundan sociedades para estudiar el&lt;br /&gt;folclore en Inglaterra, Francia, e Italia, lo popular entra en el horizonte de la investigación. Bajo las exigencias científicas del&lt;br /&gt;positivismo, se buscó conocer empíricamente los mitos y leyendas, las fiestas y las artesanías, los hábitos y las instituciones. Pero las&lt;br /&gt;frondosas descripciones casi nunca trascienden la enumeración y el catálogo, no llegan a explicar el sentido de lo popular al no&lt;br /&gt;situarlo en las condiciones generales de desarrollo socioeconómico(2).&lt;br /&gt;América Latina repite esta historia. En países tan dispares como la Argentina, Brasil, Perú y México los estudios antropológicos y&lt;br /&gt;folclóricos dieron un vasto conocimiento empírico sobre los grupos étnicos, sus estructuras económicas, sus relaciones sociales y&lt;br /&gt;aspectos culturales como la religiosidad, los rituales, los procesos simbólicos en la medicina, las fiestas y las artesanías. En muchos&lt;br /&gt;de esos trabajos se percibe una compenetración profunda con el mundo indio, el esfuerzo por reivindicar su lugar y su valor dentro de&lt;br /&gt;la cultura nacional. Pero gran parte de esos textos presentan dificultades teóricas y epistemológicas que limitan el valor del&lt;br /&gt;conocimiento obtenido. Los estudios antropológicos son generalmente monografías de orientación culturalista que describen&lt;br /&gt;comunidades locales o grupos étnicos. Seleccionan los rasgos tradicionales, "primitivos", de una comunidad aislada y reducen su&lt;br /&gt;explicación, cuando la buscan, a la lógica interna del grupo estudiado.&lt;br /&gt;La recolección de datos es sesgada por la intención de concentrarse en los aspectos "puros" de la identidad étnica y prestar atención&lt;br /&gt;únicamente a lo que diferencia a ese grupo de otros o resiste la penetración occidental; dejan de lado, por lo tanto, la creciente&lt;br /&gt;interacción con la sociedad nacional y aún con el mercado económico y simbólico transnacional. 0 la reducen al aséptico "contacto&lt;br /&gt;entre culturas" ante la falta de conceptos adecuados para interpretar las formas en que los ,grupos indígenas reproducen en su&lt;br /&gt;interior el desarrollo capitalista o construyen con él formaciones mixtas. Los conflictos, cuando se admiten, son vistos como si sólo&lt;br /&gt;se produjeran entre dos bloques homogéneos: la sociedad "colonial" y el grupo étnico. En el estudio de la etnia, registran únicamente&lt;br /&gt;las relaciones sociales igualitarias o de reciprocidad que permiten considerarla "comunidad", sin desigualdades internas, enfrentada&lt;br /&gt;compactamente al poder "invasor". En algunas versiones recientes, que intentan dar cuenta de los cambios modernizadores, se&lt;br /&gt;reconoce -además de la dominación externa- la apropiación de sus elementos -por parte de la cultura dominada, pero sólo se toman&lt;br /&gt;en cuenta aquellos que el grupo acepta según "sus propios intereses" o a los que puede dar un sentido de "resistencia" . Por eso,&lt;br /&gt;existen tan pocos análisis de los procesos en que una etnia, o la mayor parte de ella, admite la remodelación que los dominadores&lt;br /&gt;hacen de su cultura, se subordina voluntariamente a formas de producción o a movimientos religiosos occidentales (desde el&lt;br /&gt;catolicismo hasta los pentecostales), e incorpora como proyecto propio los cambios modernizadores y la integración a la sociedad&lt;br /&gt;nacional. Menos frecuentes, aún, son las investigaciones que examinan los procedimientos a través de los cuales las culturas&lt;br /&gt;tradicionales de los indígenas y, campesinos convergen sincréticamente, con diversas modalidades de cultura urbana (la obrera, las&lt;br /&gt;que generan la vida en la ciudad y las comunicaciones masivas), estableciendo formas híbridas de existencia de "lo popular ".&lt;br /&gt;En cuanto a los estudios folclóricos latinoamericanos, estuvieron ligados, como en Europa, a la formación, de la conciencia nacional,&lt;br /&gt;sirvieron para redefinir el lugar de los sectores populares en el desarrollo de cada país y de los propios intelectuales que se ocupaban&lt;br /&gt;de conocerlos. El escaso rigor de estos trabajos deriva de la ideología romántica o la metodología empirista con que fueron&lt;br /&gt;realizados, la falta de formación profesional o el saber anquilosado de muchos folcloristas y la subordinación de sus tareas a la fundamentación&lt;br /&gt;política de identidades nacionales entendidas como tradiciones embalsamadas.&lt;br /&gt;Al examinar los estudios folclóricos en Brasil, Renato Ortiz encuentra tres objetivos principales: a) establecer el terreno de una&lt;br /&gt;nacionalidad brasileña como resultado del cruce de lo negro, lo blanco y lo indio; b) dar a los intelectuales que se dedican a la cultura&lt;br /&gt;popular un recurso simbólico a través del cual puedan tomar conciencia y expresar la situación periférica de su país; e) posibilitar a&lt;br /&gt;esos intelectuales afirmarse profesionalmente en relación con un sistema moderno de producción cultural, del que se sienten&lt;br /&gt;excluidos (en Brasil el estudio del folclore se hace fuera de las universidades, en instituciones tradicionales como los, Institutos&lt;br /&gt;Históricos Geográficos, que tienen un visión anacrónica de la cultura y desconocen las técnicas modernas del trabajo intelectual).&lt;br /&gt;Ortíz agrega que el estudio del folclore va asociado también a los avances de la conciencia regional, opuesta a la centralización del&lt;br /&gt;Estado: "En el momento en que una élite local pierde poder, se produce un florecimiento de los estudios de cultura popular; un autor&lt;br /&gt;como Gilberto Freyre podría tal vez ser tomado como representante paradigmático de esta élite que procura reequilibrar su capital&lt;br /&gt;simbólico a través de una temática regional". (3)&lt;br /&gt;En México, una larga etapa de los estudios antropológicos y folclóricos estuvo condicionada por los objetivos ideológicos&lt;br /&gt;post-revolucionarios de construir una nación unificada, más allá de las divisiones económicas, lingüísticas y políticas que&lt;br /&gt;fracturaban al país. La influencia de la escuela finlandesa en los folcloristas (recordemos su lema: Dejémonos de teoría. Lo importante&lt;br /&gt;es coleccionar") fomentó un empirismo plano en la recolección y catalogación de los materiales, el tratamiento, analítico de la&lt;br /&gt;información y una pobre interpretación contextual de los hechos, aún en los autores más esmerados, Vicente T. Mendoza, Martínez&lt;br /&gt;Peñaloza y Rubin de la Borbolha. Por eso, la mayoría de los libros sobre artesanías, fiestas, poesía y música tradicionales enumeran y&lt;br /&gt;exaltan los productos populares, sin ubicarlos en la lógica presente de las relaciones sociales. Esta descontextualización es aún más&lt;br /&gt;visible en los museos de folclore o arte popular. Exhiben las vasijas y los tejidos despojándolos de toda referencia a las prácticas&lt;br /&gt;cotidianas para las que fueron hechos.&lt;br /&gt;Son excepcionales los que incluyen formas contemporáneas de la vida popular, como el Museo Nacional de Culturas Populares de la&lt;br /&gt;ciudad de México, creado hace cuatro años, que rompe con estos estereotipos. La mayoría se limita a enlistar y clasificar aquellas&lt;br /&gt;piezas que representan las tradiciones y sobresalen por su resistencia o su indiferencia a los cambios.&lt;br /&gt;Pese a la abundancia de descripciones, los folcloristas dan muy pocas explicaciones sobre lo popular. Hay que reconocer su mirada&lt;br /&gt;perspicaz sobre lo que durante mucho tiempo escapó a la macrohistoria o a los discursos científicos hegemónicos, su capacidad para&lt;br /&gt;percibir lo periférico, lo que en el pasado, desde el trabajo de los marginados, funda el presente.&lt;br /&gt;Pero casi nunca dicen por qué lo periférico es importante, qué procesos sociales dan a las tradiciones una función actual. No logran&lt;br /&gt;reformular su objeto de estudio de acuerdo con el desarrollo de sociedades donde los hechos culturales raras veces tienen los rasgos&lt;br /&gt;que define y valoriza el folclore. Ni son producidos manual o artesanalmente, ni son estrictamente tradicionales (transmitidos de una&lt;br /&gt;generación a otra), ni circulan en forma oral de persona a persona, ni son anónimos, ni se aprenden y transmiten fuera de las&lt;br /&gt;instituciones. o de programas educativos y comunicacionales masivos.&lt;br /&gt;Sin duda, la aproximación folclórica conserva utilidad para conocer hechos que en las sociedades contemporáneas guardan algunos&lt;br /&gt;de esos rasgos. Pero si queremos alcanzar una visión amplia de lo popular es preciso situarlo en las condiciones industriales de&lt;br /&gt;producción, circulación y consumo bajo las cuales se organiza en nuestros días la cultura. La principal ausencia del discurso folclórico&lt;br /&gt;es no interrogarse por lo que les pasa a las culturas populares cuando la sociedad se vuelve masiva. El folclore es un intento&lt;br /&gt;melancólico por sustraer lo tradicional al reordenamiento industrial del mundo simbólico y fijarlo en las formas artesanales de producción&lt;br /&gt;y comunicación. Esta es la razón por la que los folcloristas casi nunca tienen otra política para proponer respecto de las&lt;br /&gt;culturas populares que su "rescate' 'ni encuentran mejor espacio para defenderlas que el museo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;EL LUGAR DE LO POPULAR EN LA CULTURA MASIVA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Los estudios sobre comunicación masiva se han ocupado de lo popular desde el ángulo opuesto. Para los comunicólogos, lo popular&lt;br /&gt;no es el resultado de las tradiciones, ni de la personalidad "espiritual" de cada pueblo, ni se define por su carácter manual, artesanal,&lt;br /&gt;oral, en suma premoderno. Desde la comunicación masiva, la cultura popular contemporánea se constituye a partir de los medios&lt;br /&gt;electrónicos, no es resultado de las diferencias locales sino de la acción homogeneizadora de la industria cultural.&lt;br /&gt;Gracias a las investigaciones sobre comunicación masiva, se han vuelto evidentes aspectos centrales de las culturas populares que no&lt;br /&gt;proceden de la herencia histórica de cada pueblo, ni de su inserción en las relaciones de producción, sino de otros espacios de&lt;br /&gt;reproducción y control social, como son la información y el consumo. Estos estudios dan un conocimiento valioso sobre las&lt;br /&gt;estrategias de los medios y la estructura del mercado comunicacional. Pero su modo de ocuparse de la cultura popular, merece varias&lt;br /&gt;críticas. Por una parte, acostumbran concebir la cultura masiva como instrumento del poder para manipular a las clases populares.&lt;br /&gt;Asimismo, adoptan la perspectiva de la producción de mensajes y descuidan la recepción y la apropiación. Por último, suelen reducir&lt;br /&gt;sus análisis de los procesos comunicacionales a los medios electrónicos.&lt;br /&gt;A pesar de las críticas que desde hace quince años se formulan a la tesis de la manipulación omnipotente de los medios, en la mayor&lt;br /&gt;parte de la bibliografía analizar la cultura equivale a describir las maniobras de la dominación. Bajo la influencia de la escuela de&lt;br /&gt;Frankfurt y de los libros del primer Mattelart, se concibe el poder comunicacional como atributo de un sistema monopólico que,&lt;br /&gt;administrado por las transnacionales y la burguesía, podría imponer los valores y opiniones dominantes al resto de las clases. La&lt;br /&gt;eficacia de este sistema- residiría no sólo en la amplia difusión que los medios proporcionan a los mensajes, sino en la manipulación&lt;br /&gt;inconsciente de los receptores. Los destinatarios son vistos como pasivos ejecutantes de las prácticas impuestas por la dominación.&lt;br /&gt;En la base de esta concepción instrumentalista de la cultura masiva hay una imagen del poder que denominamos "teológica", pues lo&lt;br /&gt;imagina omnipotente y omnipresente. Dado que éste es el núcleo teórico del problema, la cuestión no se arregla admitiendo que los&lt;br /&gt;receptores no son tan pasivos o complejizando un poco la interpretación sobre las acciones de los medios. Es necesario dejar de&lt;br /&gt;concebir el poder como bloques de estructuras institucionales, fijados en tareas preestablecidas (dominar, manipular), o como mecanismos&lt;br /&gt;de imposición vertical. A partir de la obra de Foucault, sabemos que el poder es una relación social diseminada, por lo cual&lt;br /&gt;no debemos buscarlo en "un punto central, en un foco único de soberanía del cual irradiarían formas derivadas y descendientes".&lt;br /&gt;Dado que no es algo que se adquiera", no puede estar atrapado en una institución, en el Estado o en los medios comunicacionales.&lt;br /&gt;No es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: "es el nombre que se presta a una situación estratégica en una sociedad&lt;br /&gt;dada. (4) Son relaciones de fuerza múltiple que se forman y actúan en la producción y el consumo, en las familias y los individuos,&lt;br /&gt;que se refuerzan al operar conjuntamente en todos esos espacios. (Sólo queremos aclarar que la radical renovación que el aporte de&lt;br /&gt;Foucault puede suscitar en los estudios comunicacionales, no tiene por qué adoptar el descentramiento extremo del poder como él lo&lt;br /&gt;formula, ignorando que se concentra en instituciones y agentes sociales. Si sólo vemos al poder diseminado, es imposible jerarquizar&lt;br /&gt;las acciones de diferentes "instancias" o "dispositivos", no es lo mismo el poder de las transnacionales de la comunicación que el de&lt;br /&gt;un padre de familia).&lt;br /&gt;La falta de estudios y de una conceptualización consistente sobre la recepción y la apropiación complementa la deficiencia anterior.&lt;br /&gt;Además de reformular las relaciones entre cultura y poder, es preciso conocer las estructuras específicas del consumo cultural. La&lt;br /&gt;investigación sobre medios masivos suele reproducir la concepción estadística de la audiencia que tienen los gerentes de esos medios&lt;br /&gt;y los sondeos de rating: suponen que si un programa de televisión alcanza a varios millones de espectadores es porque satisface sus&lt;br /&gt;necesidades y coincide con sus gustos. Aún en los estudios críticos, se admite fácilmente la eficacia de los emisores sin preocuparse&lt;br /&gt;por averiguar lo que efectivamente sucede en la recepción, los modos diversos con que diferentes sectores se apropian de los&lt;br /&gt;mensajes. Para replantear las relaciones entre cultura masiva y cultura popular es básico descubrir los desfases, las distancias y&lt;br /&gt;reelaboraciones que ocurren entre la producción y la apropiación en los procesos comunicacionales. No basta con admitir que cada&lt;br /&gt;discurso es recibido de distintas maneras, que no existe una relación lineal ni monosémica en la circulación del sentido. Si cada&lt;br /&gt;discurso posee, como dice Verón, un "campo de efectos" y ese campo no es definible sólo desde la producción, necesitamos indagar&lt;br /&gt;los procesos de "mediatización", Ias reglas de transformación entre un discurso y sus efectos".(5) Para esto, debemos construir&lt;br /&gt;conceptos e instrumentos metodológicos más sutiles que los de las investigaciones de público y de mercado.&lt;br /&gt;Si bien aquí hay un problema específicamente comunicacional, no parece ser resoluble con los recursos habituales en la teoría de la&lt;br /&gt;comunicación. Algunos autores han mostrado la contribución que puede salir de la teoría del discurso. Queremos destacar ahora, en&lt;br /&gt;relación con el conocimiento de lo popular, que la metodología antropológica sería útil para obtener conocimientos directos,&lt;br /&gt;mediante trabajo de campo, donde se observe cómo los medios interactúan con la historia cultural y los hábitos propios de percepción&lt;br /&gt;y comprensión que los sectores populares forman en su vida barrial, en el trabajo, en las microinteracciones de la vida cotidiana.&lt;br /&gt;En la medida en que reconocemos los múltiples niveles de la acción social que interviene * n en la circulación masiva de los&lt;br /&gt;mensajes, los medios de comunicación pierden el lugar exclusivo, o protagónico, que les adjudicaron las teorías de la cultura masiva.&lt;br /&gt;Umberto Eco propone un ejemplo: una firma productora de camisetas imprime en el pecho de las prendas una figura icónica, los&lt;br /&gt;jóvenes la publicitan al usarla, la televisión muestra la novedad, y luego otros sectores sociales la adoptan multiplicando su difusión.&lt;br /&gt;¿Cuál es el medio de masas? ¿El anuncio comercial en el periódico, la camiseta, los que la llevan, la publicidad televisiva?(6) Lo&lt;br /&gt;masivo circula tanto por los medios electrónicos como por los cuerpos, la ropa, las empresas, la organización del espacio urbano. El&lt;br /&gt;poder ideológico que asocia un símbolo con la juventud y genera un modo de interpretar lo que significa ser joven no reside únicamente&lt;br /&gt;en la publicidad, ni en el diseñador, ni en los medios; circula por esos y otros espacios sociales, actúa gracias a las maneras en&lt;br /&gt;que se cruzan y combinan. Luego, la pregunta por el lugar de lo popular en la cultura masiva no pasa sólo por los medios de&lt;br /&gt;comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ANTROPÓLOGOS Y COMUNICÓLOGOS: LOS ENCUENTROS NECESARIOS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Durante un tiempo se pensó que la bifurcación entre la antropología y la teoría de la comunicación correspondía a la existencia de&lt;br /&gt;dos modalidades separadas del desarrollo cultural. Si por un lado subsistían formas de producción y comunicación tradicional, y por&lt;br /&gt;otro circuitos masivos, parecía lógico que hubiera disciplinas diferentes para ocuparse de cada uno.&lt;br /&gt;Esta compartimentación se ha vuelto insostenible. La investigación de la cultura popular no puede seguir escindida entre los&lt;br /&gt;antropólogos y folcloristas consagrados a rescatar tradiciones "amenazadas" por el desarrollo moderno, y, por otra parte, los especialistas&lt;br /&gt;en comunicación que buscan expandir la modernidad, seguros de que los sectores "atrasados" fatalmente van a&lt;br /&gt;desaparecer. Hoy sabemos que la "masificación" no logra abolir ,las culturas tradicionales, y que a veces puede expandirlas, como&lt;br /&gt;ocurre con las canciones gauchas del sur de Brasil y el vais criollo peruano, beneficiado, por la difusión radial y televisiva. ¿Cómo&lt;br /&gt;explicar que en México, un país con varias décadas de industrialización, exista el mayor número de artesanos del continente -seis&lt;br /&gt;millones-, y que en los últimos años se haya incrementado la producción? ¿Por qué el Estado multiplica los organismos para&lt;br /&gt;fomentar un tipo de trabajo que, ocupando a un 10% de la población, apenas representa el 0.1% del producto bruto nacional? Esta&lt;br /&gt;aparente contradicción se explica por las contradicciones del desarrollo desigual del capitalismo: dado que la producción agraria no&lt;br /&gt;proporciona suficientes ingresos a indígenas y campesinos, éstos recurren a sus tradiciones artesanales para sobrevivir.&lt;br /&gt;Pero también observamos que las artesanías crecen con el avance del turismo y por la exaltación hecha por los medios masivos y el&lt;br /&gt;consumo "moderno' del valor simbólico de los diseños, que evocan "lo natural" y "lo manual" en medio de la homogeneidad&lt;br /&gt;industrial. El análisis de las artesanías, como también de las fiestas étnicas utilizadas por el nacionalismo político y el turismo, nos&lt;br /&gt;demuestra que la modernidad capitalista no siempre requiere eliminar las fuerzas económicas y culturales que no sirven&lt;br /&gt;directamente a su crecimiento si esas fuerzas aún cohesionan a un sector numeroso, si satisfacen sus necesidades o las de una reproducción&lt;br /&gt;equilibrada del sistema.(7) A la inversa, también sabemos que ya no existen grupos aislados en las sociedades actuales&lt;br /&gt;(ni siquiera los indígenas o los contestatarios que se automarginan), capaces de mantener un repertorio totalmente autónomo de&lt;br /&gt;prácticas y creencias. Algunas tradiciones desaparecen, otras se descaracterizan por la mercantilización, otras son mantenidas con&lt;br /&gt;fuerza y fidelidad, pero, todas son reordenadas por la interacción con el desarrollo moderno.&lt;br /&gt;El problema pasa a ser entonces, para los antropólogos y los comunicólogos a la vez, cómo interpretar las leyendas tradicionales que&lt;br /&gt;se reformulan en contacto con la industria cultural; coómo las artesanías cambian su diseño y su iconografía al buscar nuevos compradores&lt;br /&gt;en las ciudades; de qué modo las fiestas indígenas, que ya en su origen eran una fusión sincrética de creencias&lt;br /&gt;precolombinas y coloniales, prosiguen transformándose al interactuar con turistas o pobladores urbanos. Por otra parte, también hay&lt;br /&gt;que estudiar de qué manera la cultura masiva se enriquece con la popular tradicional, usando dispositivos de enunciación, narrativos,&lt;br /&gt;estructuras melodramáticas, combinaciones de la visualidad y el ritmo tomados del saber que los pueblos acumularon: estoy&lt;br /&gt;pensando en los programas de TV o los video clips, cuyo éxito se basa en el uso simultáneo de los descubrimientos de juegos visuales&lt;br /&gt;y ritmos populares, del cha-cha-cha al rock, para satisfacer las necesidades de espectacularidad y entretenimiento de los medios&lt;br /&gt;masivos.&lt;br /&gt;La colaboración entre antropólogos y comunicólogos correspondería a estos cruces entre lo popular y lo masivo, que ya tienen una&lt;br /&gt;larga historia. Recordemos que lo masivo es una característica constitutiva de las sociedades actuales y no comenzó con los medios&lt;br /&gt;de comunicación electrónica. En el siglo XIX se empieza a hablar de masas para referirse a la irrupción económica y política del&lt;br /&gt;proletariado industrial y nuevos sectores medios en las grandes ciudades. Antes de que se inventaran la radio y la TV, la cultura fue&lt;br /&gt;transmitida masivamente por la iglesia, la escuela y las grandes campañas educativas de los regímenes populares (por ejemplo, la&lt;br /&gt;política cultural postrevolucionaria en el México de principio de siglo). La cultura masiva "no se identifica ni puede ser reducida a lo&lt;br /&gt;que pasa en o por los medios masivos", dice Jesús Martín Barbero; "no es sólo un conjunto de objetos, sino 'un principio de&lt;br /&gt;comprensión' de unos nuevos modelos de comportamiento, es decir un modelo cultural".(8) Visto de este modo, lo masivo no es algo&lt;br /&gt;ajeno ni exterior a lo popular, hecho malévolamente por los grupos dominantes para invadir o sustituir la cultura propia de las clases&lt;br /&gt;populares. Lo masivo es la forma que adoptan, estructuralmente, las relaciones sociales en un tiempo en que todo se ha masificado:&lt;br /&gt;el mercado de trabajo, los procesos productivos, el diseño de los objetos y hasta las luchas populares. La cultura masiva es una&lt;br /&gt;modalidad inesquivable del desarrollo de las clases populares en una sociedad que es de masas.&lt;br /&gt;¿Qué es, entonces, lo popular? No puede identificarse por una serie de rasgos internos o un repertorio de contenidos tradicionales,&lt;br /&gt;premasivos. Ante la caducidad de las concepciones esencialistas de la cultura popular, el enfoque gramsciano pareció ofrecer la&lt;br /&gt;alternativa: lo popular no se definiría a por su origen o sus tradiciones, sino por su posición, la que construye frente a lo hegemónico.&lt;br /&gt;Quien mejor lo ha dicho es Cirese: Ia popularidad de un fenómeno debe ser establecida "como hecho y no como esencia, como posición&lt;br /&gt;relaciona¡ y no como sustancia".(9)&lt;br /&gt;En esta perspectiva, las tradiciones dejan de asociarse automáticamente con lo popular, pues también pueden ser el eco de lo&lt;br /&gt;hegemónico o del lugar que el poder asigna a las clases subalternas -por ejemplo, las leyendas y los refranes que llaman a&lt;br /&gt;contentarse con lo que se tiene. Las costumbres más arraigadas y extendidas en las clases populares son a veces formas de resistencia,&lt;br /&gt;pero en otros casos no constituyen más que la rutina de la opresión (pensemos en la "popularidad" del machismo). A la&lt;br /&gt;inversa, lo masivo, que tan eficazmente contribuye a la reproducción y expansión del mercado y la hegemonía, también da la&lt;br /&gt;información y los canales para que los oprimidos superen su dispersión, conozcan las necesidades de otros y se relacionen&lt;br /&gt;solidariamente.&lt;br /&gt;Pese al valor de esta redefinición de lo popular por su oposición a lo hegemónico, no siempre nos ayuda a entender sus&lt;br /&gt;transformaciones en un mundo masificado. Sobre todo, cuando se interpreta rígidamente la polarización hegemonía/subalternidad y&lt;br /&gt;se sustancializa cada término. Entonces, la cultura popular es caracterizada por una capacidad intrínseca, casi congénita, de oponerse&lt;br /&gt;a los dominadores, y en cualquier diferencia se cree ver una impugnación. El estilo antinómico del modelo gramsciano, y su&lt;br /&gt;endurecimiento populista en muchos textos latinoamericanos, vuelve difícil reconocer la interpenetración entre lo hegemónico y lo&lt;br /&gt;popular, los resultados ambivalentes que produce la mezcla entre ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LAS NUEVAS CONTRADICCIONES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Si la cultura popular y la masiva ya no se oponen, si se entremezclan todo el tiempo, ¿qué sentido tiene seguir usando esos términos?&lt;br /&gt;Retornemos la propuesta gramsciana de definir lo popular por su oposición a lo hegemónico, y preguntémonos dónde se sitúa hoy ese&lt;br /&gt;antagonismo. La oposición se produce entre dos estrategias de la cultura industrial contemporánea: por un lado, la existencia de un&lt;br /&gt;saber científico y tecnológico (microelectrónica, telecomunicación) que reorganiza los procesos productivos, su sentido cultural, y,&lt;br /&gt;junto con la monopolización del capital industrial y financiero, concentra en una pequeña minoría el conocimiento necesario para el&lt;br /&gt;control social; y otro, la producción -por parte de ese mismo sistema informacional y electrónico- de nuevas redes de comunicación&lt;br /&gt;masiva que están reordenando la vida comunitaria, usando a veces las tradiciones locales, los saberes folclóricos, pero&lt;br /&gt;subordinándolos a la, lógica de la industria cultural.&lt;br /&gt;Dentro de este marco general, se produce otra tensión entre la uniformidad de los códigos culturales y las nuevas subculturas&lt;br /&gt;generadas por la afirmación sectorial o local de formas modernas de vida. La producción monopólica de mensajes masivos y el&lt;br /&gt;control de múltiples redes comunicacionales (cuyos casos modelo son Televisa en México y 0 Globo en Brasil), la vasta difusión de&lt;br /&gt;esos mensajes por TV, video, cassettes, etc. tienden a uniformar las experiencias simbólicas de regiones, clases y etnias. Pero a la vez&lt;br /&gt;las culturas locales y las subculturas de sectores tradicionalmente poco reconocidos -jóvenes, mujeres- se afirman y adquieren una&lt;br /&gt;presencia fuerte en las redes comunicativas. En parte, estas manifestaciones son contra culturales, o sea que surgen del rechazo a las&lt;br /&gt;pretensiones uniformadoras de los grupos hegemónicos; pero al mismo tiempo, se trata de subculturas, internas al sistema, que&lt;br /&gt;alcanzan su peso en la medida en que las tecnologías y formas de comunicación modernas encuentran en ellas un amplio mercado.&lt;br /&gt;De ahí que entre las principales vías de afirmación y desarrollo de estas culturas, antes marginales, se hallen los discos y video clips&lt;br /&gt;con temas juveniles, las revistas femeninas de circulación masiva. La tensión se produce a veces entre las formas marginales o&lt;br /&gt;locales y el desarrollo nacional o internacional, pero nos parece que la reorganización reciente de esta interacción lleva a formas&lt;br /&gt;fluidas de coexistencia, interpretación y uso recíproco entre ambos niveles. Por eso, la contradicción no se plantea tanto entre la&lt;br /&gt;cultura local y la masiva como entre las demandas de autogestión y las tendencias -más que homogenizadoras- burocratizantes y&lt;br /&gt;mercantiles autojustificatorias de las grandes máquinas políticas y empresariales. El problema no reside en la masividad con que&lt;br /&gt;circula la información, sino en la desigualdad entre emisores y receptores, en las tendencias monopólicas y autoritarias que tienden a&lt;br /&gt;controlar cupularmente la circulación para mantener la asimetría social.&lt;br /&gt;En relación con nuestro tema, diremos que, si puede seguirse hablando de lo popular en este contexto, consiste cada vez menos en lo&lt;br /&gt;tradicional, lo local y lo artesanal; se reformula como una posición múltiple, representativa de corrientes culturales diversas y&lt;br /&gt;dispersas, que reclaman dentro de un sistema cuyo desarrollo tecnológico establece una intercomunicación masiva permanente.&lt;br /&gt;Miremos la escena política. Casi no existen ya movimientos populares omnicomprensivos, como los partidos políticos que en el&lt;br /&gt;pasado concentraban el conjunto de las demandas laborales y de representación cívica de las clases subalternas. La emergencia de&lt;br /&gt;múltiples reivindicaciones sociales, ampliada en parte por el crecimiento de los reclamos culturales y referidos a la calidad de la&lt;br /&gt;vida, suscita un espectro diversificado de organismos voceros de intereses populares: movimientos urbanos, étnicos, juveniles, feministas,&lt;br /&gt;de consumidores, ecológicos, etc. La eficacia de estos movimientos es muy baja cuando se limitan a usar procedimientos de&lt;br /&gt;la cultura política tradicional (orales, de producción artesanal o en textos escritos que circulan de mano en mano). Su poder crece&lt;br /&gt;cuando actúan en las redes masivas de comunicación: no sólo la presencia simbólica de una manifestación de cien o doscientas mil&lt;br /&gt;personas, sino -más aun- su capacidad de interferir el funcionamiento habitual de una gran ciudad, de encontrar eco en los medios&lt;br /&gt;electrónicos de información. Lo popular no aparece entonces como lo opuesto a lo masivo, sino como un modo de actuar en él. Y lo&lt;br /&gt;masivo no es, en este caso, sólo un sistema vertical de difusión e información; también es, como dice una antropóloga italiana, la&lt;br /&gt;"expresión y amplificación de los varios poderes locales, que se van difundiendo en el cuerpo social.(10)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;HACIA UNA METODOLOGÍA NO REDUCCIONISTA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¿Qué consecuencias tiene este replanteamiento en la metodología de la investigación y en la organización de las prácticas científicas?&lt;br /&gt;En cuanto al método, la oposición entre los estudios sobre lo popular de la antropología o el folclore y los que realizan sobre lo masivo&lt;br /&gt;los comunicólogos corresponde a menudo al enfrentamiento entre dos operaciones básicas en la lógica de la investigación&lt;br /&gt;científica: la inducción y la deducción.&lt;br /&gt;El inductivismo es practicado por quienes estudian lo popular a partir de ciertas propiedades que suponen intrínsecas de las clases&lt;br /&gt;subalternas, o de una creatividad que los otros sectores habrían perdido, o un poder de impugnación que sería la base de su&lt;br /&gt;resistencia. Según esta tendencia, no sabemos de las culturas populares más que los que las clases oprimidas hacen y dicen. Esta&lt;br /&gt;concepción inmanentista de lo popular lleva a analizarlo siguiendo sólo el relato de los actores. Dado que el entrevistado se define&lt;br /&gt;corno indígena, la investigación consiste en "rescatar" lo que hace en sus propios términos, duplicar "fielmente" el discurso del&lt;br /&gt;informante; o si se define corno obrero, puesto que nadie conoce mejor que él lo que le pasa, hay que creer que su condición y su&lt;br /&gt;conciencia de clase son como él las presenta. Se desconoce la divergencia entre lo que pensamos y nuestros actos, entre la&lt;br /&gt;autodefinición de las clases populares y lo que podemos saber sobre su vida estudiando las leyes sociales en que están insertas. Hacen&lt;br /&gt;como si conocer fuera aglomerar hechos según su aparición "espontánea" en vez de construir conceptual mente las relaciones que les&lt;br /&gt;dan su sentido en la lógica social.&lt;br /&gt;Los deductivistas, a la inversa, definen a las culturas populares desde lo general a lo particular, según los rasgos que le habrían sido&lt;br /&gt;impuestos; por el modo de producción, el imperialismo, la clase dominante, o, como vemos en los comunicólogos, por los medios&lt;br /&gt;masivos. Creen legítimo inferir del pretendido poder manipulador del Estado de los aparatos comunicacionales lo que sucede en la&lt;br /&gt;recepción popular. No reconocen autonomía o diferencia a las culturas subalternas, a su modo de relacionarse, consumir y resistir.&lt;br /&gt;Para el deductivismo, lo único que conocemos de las clases populares es lo que los sectores hegemónicos quieren hacer con ellas.&lt;br /&gt;La bifurcación entre estas tendencia se manifiesta también al elegir las técnicas de investigación. Los inductivistas prefieren la&lt;br /&gt;etnografía, la observación prolongada en el campo y las entrevistas abiertas, porque les interesa registrar lo específico de pequeños&lt;br /&gt;grupos. Los deductivistas privilegian las encuestas y las estadísticas, que permiten establecer las grandes líneas del comportamiento&lt;br /&gt;masivo.&lt;br /&gt;Sabemos que esta oposición puede parecer esquemática y maniquea (aunque es fácil dar ejemplos de inductivistas y deductivistas&lt;br /&gt;puros). Es cierto que existen antropólogos y comunicólogos que hablan de interacciones complejas entre lo micro y lo macrosocial. A&lt;br /&gt;fuerza de dejarse desafiar por los hechos, logran romper con los supuestos de su disciplina. Pero la importancia de los procesos de&lt;br /&gt;interacción y la pobreza de conceptos y recursos metodológicos para analizarlos, hace pensar que debemos trabajar juntos para&lt;br /&gt;construir articulaciones no reductivistas entre inducción y deducción.&lt;br /&gt;Una de las conclusiones de este reordenamiento de los vínculos entre lo popular y lo masivo, es que lo popular ha dejado de ser el&lt;br /&gt;dominio especializado de los antropólogos y lo masivo de los comunicólogos. Al reconocer que el campo de la cultura popular no se&lt;br /&gt;limita a lo manual, lo tradicional y las relaciones íntimas de pequeñas comunidades, al ver cómo se entremezcla con las&lt;br /&gt;comunicaciones y las otras formas modernas de vida urbana, se vuelve competencia de varias ciencias sociales. Y la interacción&lt;br /&gt;compleja de los mensajes masivos con las creencias y prácticas tradicionales, no permite que los investigadores de la comunicación&lt;br /&gt;se ocupen únicamente de los medios electrónicos.&lt;br /&gt;La investigación sobre las culturas populares (en plural) debe, ser un trabajo transdisciplinario. No decimos interdisciplinario,&lt;br /&gt;porque esto suele significar que los practicantes de la antropología, la sociología, la semiótica y la comunicación yuxtaponen&lt;br /&gt;conocimientos obtenidos fragmentaria y paralelamente. El cuestionamiento del modo en que se estudian las culturas populares&lt;br /&gt;desemboca en una revisión de lo tabiques que separan a las ciencias sociales. Ni exclusivamente folclóricos ni únicamente masivo, lo&lt;br /&gt;popular es hoy un espacio fértil para repensar la estructura compleja de los procesos culturales y para que los científicos sociales&lt;br /&gt;liberemos a nuestras disciplinas de los reductivismos que las disgregan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Notas.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;1. Natalie Davis, 'Proverbial Wisdom and Popular Errors", Society and Culture in Early Modern France, Stanford, University Press,&lt;br /&gt;1965.&lt;br /&gt;2. Se encontrará un excelente análisis crítico del itinerario de los estudios folclóricos en Renato Ortiz, Cultura Popular: romanticos&lt;br /&gt;e folcloristas, Sao Paulo, Pontificia Universidad Católica, 1985.&lt;br /&gt;3. Renato Ortiz, op. cit., p. 53.&lt;br /&gt;4. Michel Foticault, Historia de la sexualidad, 1 - La voluntad de saber, México, Siglo XXI, 1978, pp. 112-115.&lt;br /&gt;5. Leonor Arfuch, "La mediatización y los juegos del discurso. Entrevista a Eliseo Veron", Punto de vista, año VII, No. 24,&lt;br /&gt;agosto-octubre de 1985, p.15.&lt;br /&gt;6. Umberto Eco, La estrategia de la ilusión, Barcelona, Lumen, 1986, pp. 197-198.&lt;br /&gt;7. Para una exposición menos apresurada de la refuncionalización de las artesanías y las fiestas populares en México, se puede&lt;br /&gt;consultar nuestro libro Las culturas populares en el capitalismo, México, Nueva Imagen, 1982.&lt;br /&gt;8. Jesús Martín Barbero, Cultura popular y comunicación de masas, Materiales para la comunicación popular, 3, Lima, Centro de&lt;br /&gt;Estudios sobre la Cultura Transnacional, abril de 1984.&lt;br /&gt;9. Alberto M. Cirese, Ensayos sobre las culturas subalternas, México, CISINAH, 1979, p.51.&lt;br /&gt;10. Carla Pasquinelli "La secoralizzaciones della cultura di masa", La Ricerca Folclorica, 7, Milán, abril de 1983, p.42.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8902457243915283883-6383602949427093761?l=cslecturascanclini.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cslecturascanclini.blogspot.com/feeds/6383602949427093761/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cslecturascanclini.blogspot.com/2009/07/ni-folklorico-ni-masivo-que-es-lo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8902457243915283883/posts/default/6383602949427093761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8902457243915283883/posts/default/6383602949427093761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cslecturascanclini.blogspot.com/2009/07/ni-folklorico-ni-masivo-que-es-lo.html' title=''/><author><name>Colectivo Siempre</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02595796990476905099</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='19' src='http://bp2.blogger.com/_1JsXjtnr6lc/R_qNtArm-mI/AAAAAAAAAQU/8AVogXWOYdU/S220/Jlopez03+5.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
